23 oct. 2013

¿Y si la homosexualidad fuera un “síndrome” darwiniano?

Mi trabajo no es enseñar a que mis aspiraciones se confirmen ellas mimas en los hechos, ni intentar que los hechos armonicen con mis aspiraciones. 
– Thomas Huxley

En los países regidos por valores que llamamos “occidentales” el discurso sobre la sexualidad humana ha variado drásticamente en el plazo de apenas unas décadas. Steven Pinker sitúa la despenalización de la homosexualidad, y la disminución de la homofobia social, al lado de otros signos en el proceso de civilización y pacificación. Estas ideas modernas, sin embargo, habrían dejado perplejo, no sólo a los oscuros teólogos medievales que asociaban sodomía y herejía, sino a ilustrados como Kant, que consideraba la homosexualidad un “vicio innombrable” y recomendaba que fuera “completamente repudiada”.

Para el discurso moderno, la homosexualidad es una “identidad” sexual tan respetable como la heterosexualidad. Según las versiones más atrevidas, la homosexualidad, o la transexualidad, son identidades en algún sentido superiores a la heterosexualidad "normativa".

Este consenso moral es muy difícil de discutir. Pero desde un “naturalismo ogro” –en realidad desde la ciencia a secas– es interesante indagar en hipótesis que parecen sombrías (mientras sean científicas; es decir, mientras puedan ser verdaderas o falsas) por poner en un brete dogmas culturales. Y una de estas hipótesis sugiere que la homosexualidad podría estar causada por un agente patógeno natural.

Semejante hipótesis surge del escepticismo ante las explicaciones evolucionistas que se han propuesto para explicar la homosexualidad en un marco darwinista. Autocita:

Los psicólogos evolucionistas han propuesto distintas hipótesis para hacer sitio a la homosexualidad en la evolución humana. Según la teoría del altruísmo familiar, los genes para la homosexualidad podrían haber evolucionado si condujeran a una inversión en los parientes genéticos suficientemente grande como para compensar el costo de renunciar a la reproducción directa. Una segunda alternativa es la hipótesis de la fertilidad femenina, según la cual los genes para la homosexualidad masculina podrían haber evolucionado si provocaran un incremento en el éxito reproductivo de los parientes del individuo homosexual. Finalmente, otra hipótesis sugiere que la homosexualidad, en cuanto comportamiento homoerótico al menos, podría haber evolucionado como una estrategia para formar alianzas masculinas que, últimamente, podrían conducir al acceso sexual de mujeres. 

El oscuro Gregory Cochran no está de acuerdo con ninguna de estas explicaciones:

La explicación más probable para la homosexualidad humana es que esté causada por algún patógeno. Es demasiado común para tratarse de una presión mutacional (y no apreciamos versiones sindrómicas versiones, como ocurriría si fuera el caso), no es algo nuevo, gemelos idénticos usualmente son discordantes (el 75% de las veces) y es un infierno para la eficacia reproductiva. No hay forma de que sea adaptativa: la noción del pariente homosexual servicial, la selección de grupo, ventajas compensatorias para las mujeres, etc: todo esto va de imposible a increíblemente imposible. Y no existe en la mayoría de los cazadores-recolectores. Es algo que debes explicales para que sepas de qué estás hablando.

La hipótesis de Cochran, que es un experto en patógenos y evolución (PDF), descansaría en dos supuestos previos: 1) La homosexualidad exclusiva es una catástrofe para la eficacia reproductiva, y 2) La homosexualidad ha aumentado en los tiempos modernos. Ambos supuestos están ellos mismos en discusión, por supuesto. Jesse Bering, por ejemplo, llega a una conclusión diametralmente opuesta al sugerir que la normalización de la homosexualidad llevará al paradójico resultado de disminuir la población homosexual, debido al supuesto efecto positivo a largo plazo de los homosexuales sobre la eficacia inclusiva en sus parientes.

Como le comentaba a Daniel Arjona en Facebook, tanto las hipótesis evolucionistas como la "teoría del germen" podrían ser erróneas, al fin y al cabo, pero el hecho de que haya tantas teorías en competencia ya nos dice que los investigadores no saben muy bien por donde tirar y que no lo sabemos todo. Este "germen" no identificado es muy perturbador para nuestras ideas morales, pero no implausible.

Peter Frost también sospecha que la causa de la homosexualidad es, en realidad, biológica, pese al hecho de que la homosexualidad sólo tiene un escaso componente heredable (se calcula que hasta el 45%). Para Frost, la homosexualidad podría ser, entre otros factores, una consecuencia inesperada del aumento de estrógenos ambientales producidos por el hombre, responsables del declive del esperma en los machos (no sólo los humanos) en las últimas décadas y, quizás, de la acción de un patógeno.

La idea de que la conducta puede verse alterada por la acción de un patógeno, desde luego no es nueva. En Breaking the spell, Daniel Dennett habla del parásito Toxoplasma gondii, capaz de hacer “bailar” a las ratas enfrente de los gatos para después alojarse en la garganta del depredador. Pero se trata de una idea particularmente desagradable cuando se aplica a seres humanos, ya que cuestiona la visión que tenemos de nosotros mismos como agentes libres. Dennett empleaba este ejemplo como analogía para explicar el funcionamiento de los memes, pero la realidad podría ser todavía más literal.

Se han expresado preocupaciones sobre el hecho de que el conocimiento público de la perturbadora “teoría del germen”, si resulta cierta, pudiera dañar a los homosexuales al servir como justificación “científica” de nuevas discriminaciones y persecuciones. Ahora bien, las persecuciones contra los homosexuales nunca se han basado en ciencia, sino en ideología y, sobre todo, en religión. La escala de religiosidad está fuertemente asociada con la tolerancia hacia la homosexualidad: cuánto más religioso es un país (y cuánto más endógamo es), menos tolerante se muestra con los homosexuales.


Fuente: Pew Research Center


Definida como aquella conducta que daña significativamente el éxito reproductivo de individuos y sociedades, la homosexualidad pudiera ser un “síndrome darwiniano”, mucho más que una enfermedad o un pecado. El ateísmo y el secularismo también pudieran ser "síndromes darwinianos", por cierto, en la medida en que puedan identificarse como causas de nuestro “invierno demográfico”.

Quizás no sean hipótesis agradables, pero la realidad no tiene ninguna obligación de ser reconfortante con nuestras ideas e identidades favoritas. Ningún "escéptico" genuino puede cuestionar que hay un enorme salto entre lo que queremos que sea cierto y lo que es cierto –como advirtió Carl Sagan.